17.6.06

Isto é o que resta da caseta, como era conhecido o posto da Guarda Fiscal em Salvaterra do Extremo. Chega-se lá por esta quelha, um caminho empedrado ladeado por muros de pedra solta, a meio das azinheiras.

Vê-se daqui o caminho, que continua a descer até ao Vale da Idanha, o local do rio Erges onde durante séculos, desde a fundação das duas povoações, os habitantes de Zarza la Mayor e de Salvaterra atravessaram a fronteira. O foral de Zarza, do século XIV, já refere as relações intensas com Salvaterra e isenta-as de impostos. Passados seis séculos, uma mulher de Zarza recorda assim as suas idas a Salvaterra:El camino del contrabando es algo especial, frecuentado de siempre en ambas direcciones, andando, en burro, a caballo y en cualquier época del año, con más o menos gente para comprar, café, quesos, toallas, telas para sábanas y vestidos, en cantidades habituales para el uso familiar. Durante la guerra, mi madre y otra gente además, compraban azúcar, aceite y arroz para venderlo en los pueblos de alrededor. Todo el recorrido lo hacían andando. Algunas veces, cuando los meriños y carabineros les salían al paso, les quitaban la carga sabiendo que lo necesitaban para comer. Los contrabandistas profesionales, utilizaban caballerías en las que pasaban grandes cantidades de todo lo que podían. El recorrido lo hacían cada vez por un sitio diferente y sabían de cuevas donde se escondían con caballerías y todo lo que llevaban de los meriños y carabineros.
El camino, sale de Zarza la Mayor por el paraje conocido como el "reducto".
(...)
Si la cantidad de agua que lleva te permite pasar por el vado, la subida a Salvaterra do Extremo es empinada, por un camino marcado en zig, zag. Como a mitad del recorrido se encuentra una fuente en la que la parada se hace obligada para beber el agua fresca que sale por sus caños y coger fuerza para seguir.
Más arriba se encuentra la caseta de los meriños. Dependiendo de quién estuviera haciendo la vigilancia, se paraban a saludarlo y sabían que a la vuelta iban a tener, la vista ciega y el oído sordo. Desde la fuente todo el camino está empedrado hasta el pueblo, que está situado en la cima de un cerro. Sus calles están bien alineadas y sus casas, las portuguesas las tienen pintadas de blanco con zócalos, ventanas y puertas en azul fuerte. El silencio que reina, siempre es interrumpido por el alboroto, las risas y la voces de las gentes que llegamos, porque siempre se va en grupo.
Las madres te dejaban ir con ellas cuando podías aguantar el camino andando. Hacían las compras en las pocas tiendas que había, las telas, toallas, café todo se lo escondían y nos lo escondían debajo de la ropa enrollándolo al cuerpo y atándolo con unas cuerdas. Así si al paso, te salían los meriños y carabineros, como nada se te veía, la carga no te la podían quitar, pero casi siempre cuando nos íbamos acercando en silencio para pasar desapercibidas por la caseta de los meriños, a alguien se le rompía o desataba la cuerda, cayéndosele todo al suelo, esto provocaba tales carcajadas que se nos oía en cien metros a la redonda.
Podíamos pensar que a presença da Guarda Fiscal ou de outra autoridade qualquer nunca conseguiu impedir os contactos; que aquelas duas povoações estão muito mais próximas entre si do que qualquer outra do mesmo lado da respectiva fronteira; e mesmo que o ameaçador castelo de Peñafiel, frente a Salvaterra, do outro lado da garganta do Erges, é capaz de nunca ter tido real importância militar, para além de ser muito possível que tenha sido fundado pelos mesmos Templários que dominavam do lado português da fronteira.
E no entanto Salvaterra parece tão Portugal como qualquer outra aldeia da sua região, e Zarza tão espanhola como as suas vizinhas ? desde os pormenores nas casas como as grades nas janelas dos rés-do-chão ou as persianas de enrolar no exterior até às tascas escuras e sonolentas, passando pelo hábito do passeio ao fim do dia. A única originalidade de Zarza parecem ser que todos identificam imediatamente o sotaque português, percebem a nossa língua e falam connosco uma espécie de espanholês.
Uma sensação parecida à que tive em Barrancos, ainda mais isolado e muito mais distante de qualquer povoação portuguesa do que de Encinasola, ali mesmo ao lado e com os quais os barranquenhos mantêm relações ancestrais. Num sábado que lá estive, ouvia-se nas ruas de Barrancos o som de pequenas festas de adolescentes. Os adultos que vi passavam com a maior facilidade do português para o barranquenho e para o espanhol. Encinasola, à mesma hora, parecia adormecida atrás das persianas. Ali muito perto uma procissão com cavalos, camiões e tractores parava de vez em quando para uma salva de fogo de artifício, e gritava-se ?Viva la Virgen! Viva el pueblo de Encinasola!? Alguns barranquenhos assistiam àquilo com um ar de quem não tem obviamente nada a ver com aquilo.
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